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'Norman, el hombre que lo consiguió todo': Insólita y desigual

No tiene nada que ver con el cine que habitualmente llega a las pantallas procedente de Estados Unidos
05-06-2017 08:57
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Richard Gere, en 'Norman, el hombre que lo consiguió  todo' Youtube

Richard Gere, en 'Norman, el hombre que lo consiguió todo' Youtube

Una auténtica rara avis que se mueve en los ámbitos económicos neoyorquinos y siempre en vínculos relacionados con Israel y con personajes que tratan de abrirse paso en momentos delicados en los que la crisis impone su ley. No tiene nada que ver con el cine que habitualmente llega a las pantallas procedente de Estados Unidos y se apoya en la figura de Norman, un ser que deambula por las calles de la Gran Manzana buscando fórmulas para salir del atolladero.

Con una profesión poco definida, «estrategias Norman Oppenheimer», se le ve siempre solo y errante, mirando escaparates, revoloteando por los aledaños del poder y del dinero. Lo peor es que aspira a hacer realidad operaciones que, por circunstancias imprevisibles pero que siempre se cumplen, nunca llegan a plasmarse.

Eso sí, tiene un modus operandi inequívoco que es hacerse amigo de todos aquellos seres que se cruzan en su camino y de los que se suele ganar el afecto mediante regalos que sabe que tienen un notable eco en ellos.

El escenario que decora todas sus andanzas no es precisamente un estímulo y de hecho hay que tener una enorme fuerza de voluntad para seguir en la brecha y no desistir. En la película se hace especial hincapié en Micha Eshel, un político israelí al que Norman afronta desde la perspectiva estimulante de unos zapatos de lujo que sabe que harán mella en él.

No da la impresión que ese regalo logre su propósito, pero lo cierto es que como en un cuento de hadas, tres años después ese político se ha convertido en Primer Ministro de Israel y no olvida lo sucedido y la forma en que Norman se comportó con él. Podría pensarse que con semejante giro el panorama puede cambiar radicalmente y para mejor de Norman, si bien en su agenda las cosas apenas se resienten. El director Joseph Cedar hace su presentación en las pantallas españolas con una película diferente que es probable que no despierte entusiasmos y que, incluso, carezca de la fascinación necesaria para que impacte en uno u otro sentido. Por eso también, porque no suscitaban el interés necesario, sus dos títulos previos, Beaufort (2007) y Pie de página (2011) pasaron de largo de nuestros cines.

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