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¡Por fin solos!: Decepción sin paliativos (por A. Dopazo)

Su propósito de efectuar una especie de retrato en clave de comedia de su propia generación a través de las vicisitudes de un matrimonio?
07-06-2012 08:57
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Una escena de la película.

Una escena de la película.

Aburrida, sin mordiente alguno y con soluciones ridículas, supone una absoluta decepción que no tiene nada que ver con el mejor cine del veterano Lawrence Kasdan, autor de títulos de la talla de Reencuentro, Fuego en el cuerpo y Grand Canyon. Se deja sentir, de forma rotunda, su notable baja forma y el hecho de que en el transcurso de la última década únicamente ha dirigido una película, El cazador de sueños en 2003.

Su propósito de efectuar una especie de retrato en clave de comedia de su propia generación a través de las vicisitudes de un matrimonio formado por un cirujano y su esposa, que se han quedado solos tras la boda de su segunda hija, se frustra por completo ante una serie de concesiones innecesarias y, sobre todo, anodinas al peso que sobre la convivencia de ambos ejerce un perro que ha entrado en su hogar y en sus vidas. El problema es que se da tanto protagonismo al animal que todo lo demás parece superfluo e innecesario.

Lo más grave es que se ha desaprovechado un reparto de lujo en el que una serie de veteranos ganadores del Oscar, Diane Keaton, Kevin Kline y Dianne Wiest, no dan la talla por culpa de un guión funesto. Escrito por el propio director y su esposa Meg, el guión recuerda por su mediocridad al de otra comedia del realizador fallida, Mumford, si bien aquí se mueve en un terreno más ambicioso. El escenario, primero en Denver y después en los bellos paisajes de las Montañas Rocosas, con una fotografía, eso sí, magnífica, encauza la realidad del matrimonio maduro formado por Joseph y Beth, que viven muchos años juntos pero que solo ahora sufren el efecto del síndrome del nido vacío tras la salida del hogar de las dos hijas.

La anécdota que «inspira» el relato sucede tras la boda de la segunda hija y es consecuencia del extravío del perro de la pareja, encontrado solo poco tiempo antes abandonado en la nieve. La desolación de Beth es tal que a partir de ese momento solo hay un tema que le preocupe, encontrarlo al precio que sea. Lo harán recorriendo toda la zona boscosa del entorno, valiéndose de amigos que se han quedado tras la boda y de una vidente que no siempre acierta en sus vaticinios.


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