Fin de semana

Presagiando las alturas

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Lucena del Cid - Castellón

Llucena del Cid es muy hermosa incluso en una primera inspección: volveré, dios mediante.

Emili Piera

 

Llegué a Llucena, procedente de l´Alcora, y encontré a la entrada del pueblo un edifico cúbico, de cristal, del tamaño de una estación espacial y más propio del Condado de Los Ángeles que de l´Alcalatén; debe de ser la brillante retórica del azulejo, cuyo imperio llega hasta aquí. Pero Llucena es muy hermosa incluso en una primera inspección: volveré, dios mediante.

Desde el restaurante Media Luna, donde paramos a comer, disfrutamos de un skyline de muchos quilates. La línea urbana en su encuentro con el cielo es un poco altiva, pues fue feudo de los Aranda (el ilustrado) y del duque de Híjar (no me ha interesado lo más mínimo saber cuál de ellos). Tomamos el camino que lleva a El Prat que es el nombre de una partida y de un parque, y también el nombre de un elegante hotel donde no hay señales de ocupación permanente o discontinua: me gusta, aguardo la salida del fantasma del gran Gatsby con una copa de champán en la mano. El Prat (lugar de esparcimiento con fuente y verdura) es muy agradable, incluso lo son sus alrededores. Veo chalets anteriores al adosado, esto es, de cuando este tipo de construcción rural con mentalidad urbana expresaba el manifiesto capricho o la oculta pasión de alguien que además, y para que nadie pensara mal, lo bautizaba con el nombre de la señora, como debe ser. Tiene estilo, un punto.

La carretera sube por el espinazo del collado en el que, un poco más abajo, se asienta Llucena: había muchas Lucenas en España y hubo que buscarle un apellido, y el del Cid no le pareció malo al pueblo recién liberado de la tutela señorial, pues era el de Vivar un caballerete levantado contra los de Carrión y su propio señor natural: un indignado de entonces. El pueblo llevó otros apellidos, pues las ciudades son como las personas: el nombre no hace la cosa, pero expresa una elección, un camino.

Bajamos a la plaza con iglesia, ayuntamiento y soportales muy interesantes, y una lápida que conmemora alguna de las innumerables predicaciones de Sant Vicent. Redactado en un castellano tan zarrapastroso que provocaría el deliquio instantáneo de un académico, amenaza con penas de seis dineros a los parroquianos y taberneros que trafiquen con morapio allí mismo o a menos de tres casas de distancia.

Volvemos a la entrada del pueblo: calles tortuosas, de mucho desnivel. Ha florecido la carrasca y el río Llucena (que tiene más agua que el de l´Alcora) corre en lo más hondo de un barranco de vértigo: preludio de monte bravo, aromas serranos a un paso del triángulo azulejero, de un lado, y del Penyagolosa, del otro; una forma de veraneo sin arena en los espacios interdigitales. Volvemos por Figueroles y La Foia a Llucena: en La Foia preparaban bous al carrer.

Consulto el iPad: Llucena tiene fortaleza ibera que es monumento nacional y el tercer lugar más visitado de la ruta de Els Pelegrins de les Useres: la ermita monumental de Sant Miquel de les Torroelles. No me lo pienso perder.

• Dormir

Hoteles y paradores

Hotel Lucena ?

Llucena del Cid. Práctico y funcional. Tel. 964 381 064.

Mas de Madalena

Llucena del Cid. Hotelito rural con jardín y piscina. Ofrece comidas y cenas, y admite animales. 35 euros por persona, aproximadamente. Tel. 964 760 282.

A un pas del cel

Vistabella del Maestrat. Hotelito rural en una casa tradicional restaurada, donde la misma familia que acoge a los huéspedes, también les da de comer. 36 euros por persona a media pensión. Tel. 964 389 141.

•Comer

Restaurantes

media luna

Llucena del Cid. Restaurante con menús muy asequibles (y con algunos platos tradicionales) y extensa carta. Raciones generosas. Algo menos de 20 euros por persona, a la carta. Tel. 964 380 083.

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