Fin de semana

En Sant Vicent de Llíria

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Llíria - Valencia

Ciudad de muchas capas, un poco ensimismada, de vocación incierta

Emili Piera

Hay Llíries muy diversas, lo que es normal en una ciudad de muchas capas, un poco ensimismada, de vocación incierta. Mi penúltima vez en Edeta (voy mucho) fue por Sant Vicent.

La Llíria peregrina es de corto aliento: apenas un paseo, tres quilómetros mal contados entre la ciudad y la fuente y parque (magnífico) que lleva el nombre del santo. Como en otras partes, se rinde culto al santo, se le traslada y retorna, y vuelta a empezar. La devoción, el carbono y la economía son cíclicos.

Hacía mal tiempo, y cuando nosotros iniciamos el recorrido, había más gente de vuelta que en camino. Del cielo legañoso se había desprendido algún chispeo, y el personal —somos un pueblo de barrancadas, de gatos escaldados que apenas caer cuatro gotas se ponen bajo cubierto— consideraba la fiesta fatalmente deslucida. Tampoco hubo buen tiempo en la peregrinación de Alcublas y Altura a la Cova Santa, pero lo que se pierde en lucimiento se gana en sazón, lo juro por las amapolas y su corazón desparramado.

Los lirianos van a su parque el día de Sant Vicent (los festeros, la víspera, a comerse la paella), y como el manantial es generoso y da para regar algunas tierras de Benissanó, los de este pueblo acuden al día siguiente a honrar al santo, a quien le cuadra como a ningún otro el título de taumaturgo: su existencia prodigiosa (contada en una auca cerámica reciente con versitos de Almela i Vives) da para una temporada de Expediente X.

Ermita enorme y dieciochesca, con una interesante cerámica. Murió el olivo (especie milenaria, pero mortal, en su lugar hallarán un renuevo) en el que Sant Vicent encontró o redescubrió la fuente a la que ya adoraban los romanos bajo la forma de ninfa, porque el más universal de los valencianos (con permiso de los Borja) también era zahorí, y el moro hortelano y sediento que habita nuestra alma no lo olvida: agua para todos.

Recorremos el parque, que es inmenso y tiene de todo: secanos asilvestrados, algarrobos con neurastenia, colosales pinos, olmos supervivientes y grandes praderías para comidas campestres. Gratuito y abierto a todos, una obra ejemplar, pero de otros tiempos, como el centro ocupacional que me parece no del todo en uso, con aulas, residencias, talleres y capilla (¿fue un Instituto Laboral como en el que yo estudié?).

La muchachada se divierte puteando a los patos, que tratan de sacar adelante la prole en medio de la agitación. El agua de la charca clara muestra al trasluz el caleidoscopio de las carpas. Me encuentro con el amigo José Luis Cañamero, de los tiempos de Aitana: él ya tiene mesa, pero nosotros subimos a Gátova, a comer.

La historia solo es un caso particular de la tectónica de placas: la calma es siempre engañosa: vaciamientos y abducciones, éxodos y repoblación. Hace cuatrocientos años llegaron a Gátova los cristianos que habían de reemplazar a los moriscos expulsados, pero esa es otra historia que estaré encantado de contarles.

•Dormir

Hoteles y paradores

Hostal les reixes

Llíria. Solución práctica y económica. Desde 25 euros. En el número 77 del Pla de l´Arc.

Teléfono 962 780 787.

Rioja hotel

Benissanó. Población a la vista de Llíria, con uno de los pocos castillos valencianos situados en una llanura. Es una alternativa muy recomendable: limpio, agradable y con todos los servicios. 50-65 euros. Dispone, además, de restaurante. Tel. 962 792 158.

•Comer

Restaurantes

la taula de llíria

Llíria. El establecimiento que dirige Juan Gorrea es el mejor restaurante de la comarca, a mi juicio. Cocina moderna, pero con olfato para la mejor tradición. Sobre 45 euros. Teléfono 962 780 091.

L´Arquet

Olocau. A pocos quilómetros de Llíria, ya en la sierra Calderona. Especializado en caza, con carta muy amplia. Sobre 35 euros. Menú degustación: 42 euros. También tiene habitaciones (28-38 euros). Teléfono 962 739 814.

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