Fin de semana

El Cabanyal bebe azul

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Valencia - Valencia

Región fabulosa junto a la mar, separada de la ciudad por mucha y extinta huerta y por la Isla Perdida

Emili Piera

El Cabanyal, sí ¿Por qué no? Si yo les digo que el Cabanyal anterior a la crisis del petróleo era un barrio de contrabandistas y pescadores, de cargadores del muelle y maquinistas navales, de cigarreras y carpinteros de ribera; un barrio de gente de mucho aire, a veces de got i punyal, achulapado y porteño, ustedes ya se hacen una idea.

Aún quedan las viejas tabernas como La Pascuala y El Polp, los despachos de clòtxines y una tienda de hilos y redes que cae en la franja a demoler para la paralizada prolongación. Se han quedado aquí muchos europeos venidos a contemplar los eventos de la vela, los erasmus que descubren la magia inserta en cada momento cuando uno se abandona a él repantigado en una terraza, los catedráticos y los profesionales. Los hosteleros: hay unos cuantos sitios donde comer bien. Algunos gitanos que trafican fármacos de Colombia y Afganistán. Las viejas casas convertidas en residencia para estudiantes.

Todo eso y el Paseo Marítimo (con el que el Cabanyal mantiene una curiosa ignorancia mutua) han transformado el barrio, que tiene sus emblemas de modernidad: el hotel Las Arenas, el teatro El Musical, la bodega Montaña, el Mercat (me pareció que no han completado la marquesina). Como el chico de Novio a la vista, de Berlanga, me fui de vacaciones por unos años y, al volver, encontré otro mapa (sin el imperio austrohúngaro, sin la anchura oceánica de la playa mordida por el paseo, sin los merenderos donde pringaba pan en la salsa del conejo).

La primera vez que llegué al Cabanyal era cornetín de órdenes de una banda de cornetas y tambores, tenía quince años y, entre un pasacalle fallero y el siguiente, arrastré a unos cuantos compañeros hasta el tranvía, para conocer las raíces de la ciudad: el Paleontológico (en el Almudín) y el Barrio Chino. En mi última visita al Cabanyal, en bici, volví a encontrarme con los claros clarines de una cofradía marinera ensayando en los aledaños de la Politécnica. Eterno retorno. Valencia es circular, concéntrica; el Cabanyal, está hecho a escuadra, abierto al Levante, con calles transversales sin coches y con casas de varias puertas y portillas para que corra el matute.

Quizás el Cabanyal tenga un exceso de literatura y yo esté contribuyendo a él. Le echaron flores Sorolla, Blasco Ibáñez, Max Aub y Manuel Vicent, entre otros. Queda en pie la Llotja del Peix (las ordenanzas prohibían usarla como vivienda, y justamente eso hicieron los pescadores) de Poble Nou de la Mar (que así se llamó en su fugaz independencia), reliquia de los tiempos en que actuaban La Marina Auxiliante y El Progreso Pescador, del gremio de la mar. En el estrecho rectángulo delimitado por las largas calles Doctor Lluch y Escalante hay una arquitectura única e irrepetible; un aire libre y corsario.

• Dormir

Hoteles y paradores

las arenas

Uno de los grandes hoteles de España. Cinco estrellas. Gran Lujo. Sobre 230 euros la habitación normal. Tel. 963 120 600.

•Comer

Restaurantes

bodega montaña

Cumple 175 años. La taberna más chic de Valencia, lugar de encuentro de artistas, faranduleros, políticos y gentes de la pomada. Buenas tapas. Bodega impresionante.

Teléfono 963 672 314.

Óleo

Vicente Patiño mantiene restaurante y barra de tapas, y en los dos ámbitos se muestra creativo. Cena de tapas: sobre 30 euros. Junto a Les Drassanes.

Teléfono 963 67 5 865.

La Paca

Local libertario y bailón en la calle del Rosari, 30, junto a El Musical. Hermoso cubil del precariado. La revelación de la temporada. Cerveza y tapa, 1 euro.

De tot un poc

Un restaurante en el 28 de la calle Barraca, pequeño y bueno, de carta atractiva y ecléctica: gambas al ajillo, novillo argentino, croquetas de bacalao. Sobre 30 euros. Teléfono 963 671 168.

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