Grandes viajes

León, la catedral del gótico

0 votos

Valladolid - Valladolid

León, a caballo entre las tierras gallegas y asturianas y la ancha Castilla, es una provincia de contrastes en la que las montañas se diluyen en los llanos, y los bosques abandonan su espesura para dejar paso al cereal.

A orillas del río Bernesga, la capital de la provincia leonesa atesora la historia y la grandeza de un pasado milenario; dos mil años de vida, veintitrés reyes y una larga tradición militar, eclesiástica y señorial, dan forma a la historia de esta acogedora ciudad, en el corazón mismo de la ruta que conduce hacia el Apóstol Santiago.

Los orígenes de la capital leonesa se remontan a los tiempos de la Hispania romana. A finales del siglo primero de nuestra era, el Emperador romano Galba instaló en estas tierras a la Legión VII Gémina de Roma, con el fin de detener el empuje de cántabros y astures. Junto al campamento militar fue creciendo un poblado de civiles, artesanos y mercaderes que encontraron en este enclave un asentamiento definitivo, en el que se construyeron termas, templos paganos y villas de recreo, que dieron origen a la ciudad de León.

Durante el reinado de Ordoño II, que trasladó la Corte desde Oviedo para acercar el centro de poder y decisión a la frontera del río Duero, la capital leonesa llegó a ser la ciudad más importante de la España cristiana. Pero sería a finales del siglo X, cuando la ciudad volvió a sufrir las devastadoras incursiones de los árabes. Las campañas de Almanzor y sus hijos destruyeron una vez más la capital del Reino y obligaron a sus habitantes a abandonar sus tierras.

León se recuperó a partir del siglo XI, gracias a la reconstrucción llevada a cabo por Alfonso V, que no sólo levantó las murallas derruidas, sino que favoreció la repoblación de la ciudad mediante los 'fueros buenos'.

Según contaban las crónicas de los peregrinos que se dirigían a Santiago, León era la ciudad 'llena de todas las felicidades', en la que terminaba la octava etapa citada en la 'Guía del Peregrino' del Códice Calixtino.

El año 1188 recoge un acontecimiento importante en la historia leonesa; en tiempos de Alfonso IX se convocaron las primeras Cortes del Reino de León, en las que participaron representantes del pueblo, la nobleza y la iglesia: este hecho las convirtió en la primera asamblea democrática que tuvo lugar en toda Europa.

Ya en el año 1248, León pierde la capitalidad, lo que supuso un cierto declive político que se vio contrarrestado por la pujanza del comercio y su estratégica situación en un cruce de caminos, ideal para controlar el tráfico de mercancías.

Asentada en una vega rodeada de huertos, arboledas y prados, esta ciudad conserva un importante patrimonio histórico-artístico. En la actualidad, su trazado está formado por el antiguo recinto medieval y la ciudad moderna, que se extiende a lo largo del Bernesga. Esa antigua tradición de dar posada al viajero y hospital al peregrino se mantiene viva en la memoria del leonés, recio y hospitalario, que no duda en enseñar las bellezas de estas frías y soleadas tierras, siempre al abrigo de su más hermosa dama: la catedral.

Un recorrido por la ciudad

El recorrido por la ciudad se puede iniciar en la plaza de Santo Domingo, centro neurálgico de León, donde va a morir el casco antiguo y que sirve de arranque al ensanche moderno y comercial de la capital.

Esta plaza debe su nombre a un antiguo convento ya desaparecido y a ella se asoman notables edificios de principios de siglo. En sus aledaños se encuentra la iglesia de San Marcelo, del siglo X, aunque reformada en el XVI; este templo está dedicado al patrono de la ciudad, un legionario llamado Marcellus, degollado en el 298 por convertirse al cristianismo.

La vecina plaza de San Marcelo, popularmente 'de las palomas', aglutina otros monumentos de interés, como el antiguo Ayuntamiento leonés, obra del siglo XVI realizada por Juan de Badajoz y Juan del Rivero, o el Palacio de los Guzmanes actual Diputación Provincial, suntuoso alcázar renacentista mandado construir por esta familia noble que, junto a los Luna, fue una de las más influyentes y poderosas de la ciudad.

Pero quizá el edificio más emblemático de esta zona es la Casa de Botines, uno de los pocos que el arquitecto Gaudí proyectó fuera de Cataluña. Este hermoso edificio, de inspiración medieval y resuelto con un inconfundible estilo modernista, sirvió en su día como negocio de tejidos en su planta baja y como vivienda en las superiores.

Abandonando la plaza de San Marcelo , encaminamos nuestros pasos hacia la popular 'Calle Ancha', una populosa vía recorrida por coquetos cafés y casas señoriales que conduce directamente a la amplia plaza que sirve de marco incomparable a la catedral de Santa María de León.

Pulchra Leonina

Joya universal del arte gótico clásico que se impuso en Europa durante el siglo XIII y parte del XIV, la catedral leonesa es conocida con el apelativo latino de 'pulchra' por la pureza de sus líneas, la belleza de sus vidrieras, asomadas a mínimos muros, y el armonioso equilibrio de sus alturas. Su planta de cruz latina dividida en tres naves, al igual que el crucero y su estructura, muestran la influencia de la catedral de Reims, mientras que sus elevadas agujas recuerdan el perfil del templo catedralicio de Amiens.

Emplazada junto a la antigua muralla romana, en el lugar que hoy ocupa la catedral existieron sucesivamente unas termas romanas, el palacio de los reyes Ordoño I y II, la primera iglesia mayor de la ciudad medieval, que arrasara Almanzor, y un templo románico de finales del siglo XI.

Obra confiada al maestro Enrique, a instancias del obispo Manrique de Lara, la 'pulchra leonina' tiene una hermosa fachada principal, flanqueada por las torres del reloj y de las campanas; en el parteluz, la venerada imagen de la Virgen Blanca, cuyo original encontramos en el interior del templo.

Visitar el interior catedralicio resulta impactante; los mejores maestros vidrieros españoles trabajaron desde el siglo XIII en el diseño de cerca de 7.000 metros cuadrados de vidrieras que recorren sus calados y verticales muros. Centenares de ventanales, óculos y rosetones con vidrieras polícromas incrementan la sensación de ligereza del templo, perpetuamente iluminado por un colorido haz de luz que hace si cabe más bella la visita.

El retablo mayor, obra de Nicolás Francés, la Custodia en plata de Enrique de Arfe, el coro, el claustro o el Museo Catedralicio, son algunas de las joyas que atesora el templo. Junto al claustro de la catedral leonesa encontramos la plaza de la Regla, antigua plaza de festejos y ventas de mercaderías controladas por el Cabildo; hoy da cobijo a un hospital que aún conserva la fachada barroca del antiguo palacio de los Marqueses de Prado en Valdetuejar.

Galería de fotos

Mapa