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Cancaneo dunar

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Las Palmas de Gran Canaria - Las Palmas

Un viaje al corazón del cancaneo revela cómo cientos de personas se atrincheran cada día entre las Dunas de Maspalomas para ejecutar intercambios de sexo libre

Juanjo Jiménez

 

Doce del mediodía en el mirador de las dunas de Maspalomas, joya natural de la corona del mayor municipio turístico de Canarias, San Bartolomé de Tirajana.

Día despejado, 22 grados de temperatura. Humedad relativa del aire del 65 por ciento. Hace un día perfecto para la fauna local que prospera en los cuatro kilómetros cuadrados de arena y su charca, como el chorlitejo patinegro, el zarapito trinador, el vuelvepiedras, el correlimos, el lagarto o el apupú.

Hay dunas de hasta ocho metros de altura, las llamadas transversales.

Otras que forman una media luna, denominadas barjanas. Y sobre buena parte del extenso campo dorado, rematado por el gran faro al fondo que se eleva a 55 metros, se exhibe el catálogo de flora: palmeras, tarahales, junquillos, aulagas, balancones... Muchos balancones.

Un cartel resalta la naturaleza del paraje, Reserva Natural Especial, informa, y los turistas se engolosinan con la postal, fulminándola a fotos antes de bajar al oasis. Son cientos de visitantes. Unos se pierden en familia y los más, solos o en parejas.

Aquí viene un elemento en solitario, con una camiseta que lleva estampada un colorido lema: Yeah, Yeah, Yeah. Los que van en familia toman por la izquierda, directos a la marea. Yeah, Yeah, Yeah, no. Él toma hacia la derecha, hacia lo más espeso y profundo de las aulagas.

Quince minutos más tarde de una rama cuelga la misma camiseta: Yeah, Yeah, Yeah... Y del interior del matorral, convertido en un ático silvestre con su toalla, sus botellas de agua y unas cuantas mochilas, emana endorfina en estado puro bombeada a pistones.

Una polinización a tres bandas entre perfectos desconocidos cazados al vuelo. Es el cogollo del meollo, apenas el zaguán de un gigantesco cancaneo de sexo a granel de cuatro hectáreas de extensión.

"La carne es la carne: el instinto primitivo". Pedro y Juan, dos nombres que se ponen ellos mismos para evitar "efectos colaterales", están de visita turística por enésima vez en Canarias, y también de viaje de negocios. Regentan una empresa de hostelería en la Península y están cerrando acuerdos en las islas.

"¿El cancaneo? A todos nos gusta, ¿a quién no? pero yo prefiero Sitges: Está mucho más pegado al hotel, no tan lejos como aquí y además hay policía que vigila que no te roben, con lo cual puedes ligar de lo más tranquilo... En las dunas no hay policía, ni nada de nada", explica Pedro, pareja estable de Juan, y con un máster en el también llamado cruising, 'licenciatura' obtenida en el anterior viaje de Pedro y Juan: Un crucero monotemático gay que los llevó a Haití cuando "la isla aún se movía".

El cancaneo en el buque "era en toda la proa, y en los camarotes se colocaban carteles de entrada libre o en el que se explicaban los gustos. Muy divertido", remata Juan delante de unas cervezas en el chiringuito número 7 de Maspalomas, que en ocasiones hace de meta final de este safari de caza mayor.

De nuevo arriba, en el matorral donde cuelga la camiseta Yeah, Yeah, Yeah, que ondea como una bandera pirata. Ahora se trabaja a plenas revoluciones y se acerca un cuarto con mochila, gorra, playeras y sin pantalones. Se arrima al paso mástil en mano.

El personal copulante ni se inmuta. Al contrario, uno de los participantes de la fiesta, el más metido en la fiesta en concreto, se vuelve y con la mano que le queda libre le invita a sumarse a la tabla de ejercicios.

PURA CIENCIA. A la izquierda, en la duna siguiente, comienza otro cortejo de apareamiento. El sistema es el mismo. Un señor 'posado' dentro de la tabaiba exhibe el equipamiento mientras el que llega va tanteando la disponibilidad con pasos cortos y haciendo que no ve, pero que mira.

En un minuto de mutuo análisis del 'material' hay acuerdo. Entre el cartel de la entrada -el que anuncia que en las dunas sólo pueden realizarse actividades científicas, educativas y 'excepcionalmente recreativas'-, y los primeros 'nidos' 'excepcionalmente recreativos' no hay 500 metros. Desde allí se observa perfectamente a unos turistas colgando las toallas de la terraza de sus apartamentos.

También se visualizan a las familias que se dirigen a la playa, justo al lado del arbusto que tiene unas ramas meciéndose al ritmo de un viento que no es de origen atmosférico.

De nuevo en el chiringuito número 7. Otra pareja, "estrictamente anónima", se toma unos refrescos al ritmo de Torero, de Chayanne.

Bañador XTG, gafas Carrera y educación de muy alto nivel, como el resto del personal en su conjunto. "El cancaneo en las dunas está regular. Nosotros preferimos Mikonos, en Grecia. O en Ibiza.

Aquí es algo cutre. Después del cancaneo en los chiringuitos de la playa no hay ni zonas VIP, ni camareros que te atiendan en las hamacas, ni colchonetas... Y hay zonas ahí adentro que están muy sucias".

Y sí. Son latas de bebidas energéticas, condones, grandes cantidades de papel higiénico, cientos de botellas de plástico, y esporádicamente enormes bolsas negras de basura a rebosar que se camuflan debajo de los endemismos que han dado carta de naturaleza al recinto como espacio protegido.

Todavía no es la una del mediodía. Ya en el interior del parque lo de la entrada es una anécdota, un mero calentamiento. Ahora asoma de lo alto de una duna un verdadero 'falo de Maspalomas' que rivaliza con la emblemático faro construido en febrero de 1890 y del que se aprecia la linterna a lo lejos.

Es este segundo falo de unas proporciones inhumanas que a su vez persigue a todo humano que sale a la vista.

Lleva un espectacular anillo en la base del torreón que, al presionar la sangre da lustre, esplendor y genera grandes dimensiones, pero que impide al propietario alcanzar una suficiente velocidad de persecución.

Ahora es cuando el cancaneo alcanza características industriales.

Una docena de hombres están sentados en lo alto de un quiebro en la arena. Y en el centro una 'duna redonda' en la que se van alternando participantes con la normalidad con la que se celebraría una liguilla de varios equipos en una única cancha.

POR LA NOCHE, MEJOR. Esto a la una y media del mediodía. Pero "por la noche se pone mejor", informa con precisión meteorológica un señor enorme con acento alemán , dos ojos que funcionan como escáneres y una sonrisa de oreja a oreja.

"Se divide por zonas. En unas, los mayores, más cerca del agua.

En otra, gente joven, tanto canarios como turistas. Otra de parejas que vienen a hacer un gang-gang, sobre todo para ellas. Y luego, cerca de los camellos, se saltan la valla y allí van a parar los trabajadores que terminan su jornada y se dan una vuelta por allí a ver qué pasa".

Pero también por días las incidencias difieren: "Cuando hay fútbol es un hervidero", suelta Pedro, el novio de Juan y que confiesa que sólo acude al cancaneo si va con Pedro. "Si se mete solo me enfado".

"Los días de fútbol ocurre que le dicen a sus mujeres que se van a ver el partido y terminan jugando a la pelota aquí dentro.

La gente piensa que aquí venimos los que venimos, pero te encuentras a todo tipo de personas, profesionales y padres de familia. Ahora tengo una gran amistad con un director de banco que está destinado en Tenerife y conocí ahí dentro".

"Utilizamos el Facebook. Las redes sociales han humanizado muchísimo el cancaneo. Antes era muchísimo más bruto, más animal. Entrabas y salías y no conocías ni el nombre ni el idioma del que te habías tirado. Pero por Internet ya puedes quedar previamente. Pones 'cancaneo' en el buscador y el sitio y la hora y con un poco de suerte logras una cita, quedas en tal duna, colocas una señal y a..."

Mapa de actividades 'recreativas': El cancaneo en Maspalomas exige sombra, por eso se elige la zona de matorral del parque, donde buena parte de la flora endémica ya ha cogido aspecto de apartamentos con las ramas ahuecadas para dar cobijo al trajín copulatorio. Dos son sus principales entradas: el Mirador de las Dunas, por el interior, o por la costa, a unas dos dunas por la izquierda del chiringuito número 7. Y no hay que ir muy lejos. Justo cerca de los caminos existen abundantes candidatos dispuestos a un intercambio de actividades recreativas. No obstante, hay mapas que ilustran aún más las preferencias, tanto por edades como por sexos aunque las prácticas heterosexuales son esporádicas. Además desde hace un tiempo se producen robos al descuido, que evidentemente no son denunciados.

En el interior se encuentran en su mayoría turistas, pero por la tarde acude más personal de la tierra y, además, de cualquier condición social y familiar.

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