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Santa Brígida, rural y burguesa

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Las Palmas de Gran Canaria - Las Palmas

Aunque a alguno le pueda parecer cosa de segundas intenciones no tiene nada que ver el titular que antecede este texto a los chalets que cubren las laderas y montañas que cierran a ambos flancos el exuberante barranco del Guiniguada

JOSÉ JIMÉNEZ

 

Aunque a alguno le pueda parecer cosa de segundas intenciones no tiene nada que ver el titular que antecede este texto a los chalets que cubren las laderas y montañas que cierran a ambos flancos el exuberante barranco del Guiniguada. Que nadie busque reproches vedados o ganas de polemizar porque a Santa Brígida, lo de burgués le viene de antes; justo de aquellos años en los que el apelativo, lejos de ser una palabra desdeñosa y malsonante, era sinónimo de trabajo, de industria de sudor en una sociedad poco dada al esfuerzo por razones de buena sangre e hidalguía. Porque esta zona de las medianías de Gran Canaria siempre fue un refugio para un par de familias que supieron comprender que la tierra podía producir algo más que lo que se precisa para comer y así, al socaire de montañones de cenizas fértiles como Bandama, empezaron a crecer las viñas que hicieron al monte célebre aquí y acullá, pese a que alguno se atreva a decir, desde tribunas poco dadas al rigor histórico y el sentido común, que la Gran Canaria no fue tierra de vinos. Pues claro que lo fue. Otro batallar será determinar cuáles fueron las razones que propiciaron el casi abandono de esta actividad, pero de los campos cercanos a la capital, también salieron buenos caldos que recorrieron mundo e hicieron ricos a sus productores. Pero de eso hace ya mucho tiempo y ahora, siglos después, hay que hacer un esfuerzo importante para recorrer parte del camino perdido para alcanzar el nivel de producciones que no dejaron de plantar cepas y pisar uvas porque aquello no daba el dinero suficiente. De aquellos años gloriosos quedaron haciendas y casonas que se desparraman en los alrededores de Santa Brígida, un pueblecito que siempre actuó de puerta de entrada al campo en su posición estratégica de antesala del verde para el capitalino y puerta de la capital para el hombre del campo. Y esa condición de frontera salta a la vista con espacios verdes como el propio Monumento Natural de Bandama, el Paisaje Protegido de Tafira o el Palmeral Satautejo, que sirve de telón de fondo a un casco urbano marcado por casitas de encanto colonial por las que parece no haber pasado el transcurrir del tiempo. Para descubrir la verdadera Santa Brígida urbana hay que callejear por los pequeños pasajes que desembocan en la Iglesia Parroquial. Es, éste, un edificio desdichado, ya que en el lugar que hoy ocupa este templo neogótico firmado por el arquitecto Laureano Arroyo. Se erigía una preciosa ermita del XVI que fue pasto de las llamas en 1897. Con el templo y su espectacular artesonado mudéjar se perdieron tallas flamencas y obras de arte cinceladas por el genio de José Luján Pérez. Lo que no ha perdido un ápice de su encanto son las callejas que envuelven el templo y sus casas canarias en las que la madera, la piedra y la teja nos dan buenos ejemplos de esa sobriedad elegante de la arquitectura popular canaria. Merece la pena detenerse en las esquinas y volver sobre tus pasos hacia el balcón natural que, desde el pie de la torre parroquial, permite ver la verdura de las vegas y montañas que pican hacia arriba buscando la cumbre de la isla. Huertos feraces, casitas de inmaculado blanco y bosquecillos de palmeras que recuerdan el esplendor agrícola perdido y recién recuperado. Porque Santa Brígida ha vuelto a mirar al vino. Recientemente, el Cabildo de Gran Canaria ha abierto la Casa del Vino en un caserón canario restaurado que, a parte de servir de tienda especializada con los mejores caldos de la isla, ha abierto un pequeño museo que muestra la importancia histórica de este cultivo en la isla y los esfuerzos que se están realizando para recuperarlo. El vecino Parque Agropecuario El Galeón es otra buena forma de explorar el pasado agrícola del municipio. CÓMO LLEGAR. Desde Las Palmas de Gran Canaria, hay dos posibles caminos. El más rápido es acceder desde la Circunvalación a la capital y desde ahí tomar la variante de Tafira para coger la carretera del centro de la isla. Otra vía, más encantadora, recorre el fondo del barranco del Guiniguada desde el Jardín Canario por el paraje de La Angostura.

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