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Crítica de cine

'El irlandés', de Martin Scorsese

Todos sabemos que cuando el director estrena película va a ser una propuesta ajena a las modas y muy fiel a su forma de entender el cine
28-11-2019 21:14
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Una escena de El irlandés

Una escena de El irlandés

En un momento de El irlandés el personaje de Robert De Niro dice algo así como «seguramente muchos jóvenes de hoy no sepan quien es Jimmy Hoffa». Y eso mismo podríamos decir seguramente del director de la cinta que nos ocupa, Martin Scorsese.

El estreno de El irlandés viene siendo un acontecimiento cinéfilo meses antes de que se estrenara. Sus continuos retrasos debidos a sus complejos efectos especiales (las caras de sus principales actores aparecen rejuvenecidas durante buena parte del metraje) y su inflado presupuesto (150 millones de dólares) dispararon todas las alarmas ante la última obra de un director que no suele fallar.

Scorsese, con sus más y sus menos, ha sabido mantenerse en una cómoda posición en Hollywood. Manteniendo las distancias con sus compañeros de generación (Spielberg, Lucas, Coppola, De Palma...), el director de Taxi Driver ha sabido cómo seguir siendo él mismo sin que eso juegue en su contra. Al contrario, cada nueva película del director supone un añadido extra de atención. Todos sabemos que cuando Scorsese estrena película va a ser una propuesta ajena a las modas y muy fiel a su forma de entender el cine.

En este sentido El irlandés es una película modélica. Con sus más de tres horas largas de metraje el filme deja clavado al espectador en su butaca o en este caso, en el sillón de su casa, ante una enmarañada historia de mentiras, engaños y asesinatos. La película de Scorsese nos acerca a uno de los personajes míticos de la cultura americana de los 60, Jimmy Hoffa, un sindicalista con un poder incalculable metido en todo tipo de artimañas mafiosas que se llegó a sugerir incluso, podía estar detrás del asesinato de John F. Kennedy. Hoffa, interpretado en El irlandés por Al Pacino, se nos presenta como un personaje irascible y maniático con los suyos. Y aunque lejos de la tipificada figura del gangster, muy cerca de los ambientes mafiosos como para llegar a confundirse con ellos. Hoffa es poderoso y violento por esta razón encaja también con Frank Sheeran (De Niro), un estafador y asesino a sueldo muy bien relacionado con la mafia de la zona que se especula, tuvo algo que ver con la muerte del sindicalista.

La película de Scorsese se dedica a elucubrar cuál fue su aportación a la misteriosa desaparición de Hoffa que a día de hoy se sigue sin saber exactamente qué pasó con él, y lo hace como a Scorsese le gusta. Una omnipresente voz en off nos relata la historia de cómo Sheeran entró en la mafia, cómo conoció a Hoffa y cómo los acontecimientos se desencadenaron trágicamente.

En su día Scorsese y su montadora habitual, Thelma Schoonmaker, advirtieron por activa y por pasiva que El irlandés no iba a ser una película al estilo de las celebradas Uno de los nuestros o Casino, que iba a ser algo más pausado, algo más reflexivo. Y puede que en cierto modo tengan razón, aunque el film sigue supurando ese gusto del director por la música y los momentos episódicos. Eso sí, El irlandés, siendo una película violenta, lo es mucho menos que las dos películas antes citada. Sus clímax no se desarrollan en los tiroteos o en las explosiones (que las tiene), sino en los diálogos, cuando sabemos que alguien está engañando a alguien o cuando comprendemos que un malentendido puede desencadenar una cruenta lucha de bandas.

Socrosese sigue siendo un maestro para generar tensión solo con el diálogo y con pequeños matices de puesta en escena. En El irlandés se habla mucho pero no se preocupen, este caso no es algo malo. Pasan muchas cosas y los personajes tienen mucho que decirse y aún así la tensión no deja de crecer.

Es verdad no obstante, que en la película de Scorsese se aprecia que es un film hecho por gente que rebasa la barrera de los 70 años. Hay cierto tono crepuscular en la cinta que recuerda un mundo que no fue necesariamente mejor pero en el que sus personajes, desde luego, se sentían mucho más útiles. El plano final de Sheeran en un geriátrico dice mucho de quien fue uno de los asesinos más temidos de los 60 en Estados Unidos. Y de hecho, la película en sí misma se aprecia desde el primer momento, que no tiene nada que ver con el cine que se hace actualmente, ni con el de mero espectáculo, ni con el que podríamos llamar más adulto.

Sin embargo es una película muy rica porque entre otras cosas está hecha por el que en muchos sentidos fue uno de los padres de lo que hoy entendemos como cine independiente.

La suerte de El irlandés es que a pesar de ser una superproducción de 150 millones de dólares sigue siendo cine independiente, independiente de Martin Scorsese.

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