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Las cuevas de Bellver

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Con una superficie de 30.000 m2, estas cavidades son un nido de historias y leyendas

Carlos Garrido

 

El paso del tiempo transforma las cosas. El desgaste de los elementos, la acción humana, la propia desintegración de la materia. Es muy difícil encontrar algo en el mismo estado que hace siglos. Pero existen algunas excepciones. Y cuando se producen, nos despiertan sensaciones muy profundas. Como si pudiésemos visitar el pasado, como si pudiésemos entender aunque sea a medias el misterio de la existencia.

En Palma tenemos un gran escenario para esa vivencia de un pasado-presente. Son las enormes cuevas, en realidad canteras subterráneas, del castillo de Bellver. En los últimos meses se ha producido una curiosa paradoja. Ha aparecido el primer libro dedicado a este impresionante conjunto, escrito por Pere Galiana Veiret bajo el título de Les coves de Bellver. Por fin el lector puede encontrar una serie de investigaciones de rigor histórico, fotografías, planos. Informaciones que no parten de la leyenda o de las historias apócrifas que tanto corren por ahí. Pero como una contrapartida a ese conocimiento, este año 2010 las cuevas no han podido ser abiertas al público. Una serie de grietas han aconsejado, por prudencia, suspender esa visita tradicional que se celebra en la semana de Sant Sebastià.

El libro de Pere Galiana aporta datos muy interesantes a un tema que podría considerarse como la quintaesencia de los misterios palmesanos. Y a pesar de la investigación, de las entrevistas y los documentos, quedan todavía algunas cuestiones por resolver. Las cuevas no han perdido su enigmario.

Hoy queremos recordar algunos de estos interrogantes que despiertan las cavernas del subsuelo del castillo.

¿CÓMO SON LAS CUEVAS DE BELLVER?

Conocemos bajo este nombre a una gran cavidad subterránea, tallada por el hombre, que ocupa una extensión de unos 30.000 m2, con unas dimensiones de 250 metros de largo por unos 200 de anchura. Hasta los años 30 constituían una sola cavidad. Eran un nido de historias y leyendas, con un acceso minúsculo de forma triangular y un interior que exploraban con avidez algunos jóvenes y niños, en lo que para ellos suponía una verdadera aventura. Aparecen citadas en textos de Jovellanos, Miquel Bibiloni, el Archiduque y Pere d'Alcàntara Penya entre otros. La mayoría destacan su estado de abandono, la existencia de amontonamientos de piedra y gravilla en su interior y el "aire infecto" que se respira.

En 1937 las cuevas son reacondicionadas por el ejército. Entonces se construye un muro de separación y surgen así las conocidas dos divisiones como la Cova de Dalt y la Cova de Baix. La Cova de Dalt se convierte en un polvorín. Eso supone una obra muy importante. Se abren unas entradas de grandes dimensiones, se rebaja el suelo para darles mayor altura. Para consolidar los techos se levantan algunas columnas, se iluminan las salas, se forman andenes donde se colocan proyectiles de artillería, minas submarinas y bombas de aviación. Algunas de las que cayeron sobre la Barcelona republicana durante la guerra probablemente salieron de ahí.

La Cova de Baix sufre una reforma menor, y más adelante será utilizada como depósito de combustible. Para ello se tallan unos replanos donde colocar los bidones. Ante el peligro que suponía la vecindad de combustible y explosivos, se cierran los accesos con puertas herméticas de metal y se obtura por completo la comunicación entre una y otra parte de la cueva. Eso producirá un grave problema de humedad a partir de ese momento.

En los años 40 comenzó a construir la larga galería de ventilación o túnel. Es un pasadizo que comunica la parte baja de la Cova de Baix con el bosque de Bellver. Casi llega a los 300 metros y ha estado obstruida durante mucho tiempo. El tiro de aire que produce es considerable, y su entrada –protegida por una reja– debe de ser el rincón más fresco de toda Palma en verano. El "aire acondicionado" procede directamente de las entrañas de la tierra.

Abandonado su uso militar, las cuevas sirvieron para otros menesteres. La Cova de Dalt, mejor acondicionada, se utilizó como almacén municipal y también como depósito de bienes embargados judicialmente. Era una auténtico espectáculo ya que se acumulaban todo tipo de objetos increíbles: máquinas, maniquíes, cuadros, maletas, objetos personales, vajillas. La humedad los iba corroyendo, hasta que muchos de ellos se tornaban una masa blanca, ominosa e irreconocible. Devorados por los hongos.

En la última reforma se vació casi todo ese depósito, del que quedan algunos restos todavía muy curiosos. La Cova de Baix, por otro lado, sirvió de depósito para coches retirados por el ayuntamiento. Al producirse un desprendimiento del techo, algunos quedaron literalmente aplastados. Mientras que otros iban descomponiéndose por efecto de la humedad. Muchos recordarán el Seat 1500 fúnebre que estuvo allí mucho tiempo, creando una imagen surrealista.

¿QUÉ ERAN LAS CUEVAS DE BELLVER?

Uno de los mayores enigmas consiste en la utilidad real de estas canteras. Pere Galiana, como buen conocedor del mundo de las canteras y los "trencadors" plantea una evidencia: la forma de abrir esta explotación es extraña y atípica. Para extraer bloques de marés, los canteros seguían las vetas. Eso daba lugar a unos paisajes irregulares, pero de formas cúbicas, proporcionadas a la calidad de la piedra. Además, la manera de arrancar los bloques manualmente solía ser por exfoliación, introduciendo unas cuñas cuando la pieza ya estaba marcada en sus contornos y arrancándola literalmente. Sin embargo, las cuevas de Bellver no siguen ese esquema. En primer lugar su constitución es laberíntica y extrañamente irregular. No parecen que se hayan basado en seguir la veta de la piedra. Y la extracción también resulta atípica, ya que se picaba también la cara interior de la piedra, en lugar de exfoliarla. Eso es patente en la presencia de marcas de las herramientas por todos lados.

Con la perspectiva de un cantero, las cuevas no se acaban de entender. Tampoco resulta lógico que se internasen a tanta profundidad y distancia sin aprovechar previamente las zonas más cercanas a la entrada. Eso sin contar que el emplazamiento de las cuevas no era de lo más adecuado, teniendo en cuenta que solían utilizarse enclaves costeros desde los que podía embarcarse la piedra de forma mucho más sencilla. Estudiando las marcas, se distinguen las obras medievales de otras posteriores, que se realizaron con motivo de la ampliación de 1937. Y resulta asombroso el trabajo colosal que se realizó en una época sin más medios que pequeños burros, alguna de cuyas herraduras ha aparecido, y luces de aceite. Para complicar aún más la cosa, la altura de las galerías es muy reducida. Eso hace pensar que los operarios debían tener mucha estrechura incluso para mover sus "escodes". Se han rescatado algunos restos de estas antiguas herramientas metálicas, que estaban entre los escombros.

¿EXISTIÓ EL FAMOSO TÚNEL ENTRE BELLVER Y LA ALMUDAINA?

Una de las leyendas urbanas más antiguas de la ciudad es la que asegura que una mina o galería unía el castillo de Bellver con el Palau Reial de la Almudaina. Eso hacía pensar que tal vez las cuevas fuesen una parte de ese conducto. Galiana, a la vista de los testimonios, no descarta que las cuevas fueran originariamente una vía de escape en caso de sitio. De hecho, Jaume II que fue quien construyó la fortaleza ya tuvo que huir una vez por las alcantarillas de Perpinyà ante el ataque de su hermano. Pensando en eso, se ha buscado la poterna o pasadizo que comunicase el castillo con estas cavidades. Pero no ha aparecido. Galiana sugiere que podría estar en uno de los lugares donde el techo se ha desprendido. Pero no existe ninguna seguridad.

Sobre el hipotético túnel, Galiana lo descarta. Cubrir esa distancia supone unos 4 kilómetros de obra subterránea, atravesando terrenos con muchas filtraciones, niveles rocosos, salvando desniveles. Cree que la técnica medieval no estaba lo suficientemente desarrollada como para ello. Además, al realizarse recientemente obras en sitios por los que forzosamente debería de pasar esa galería, no ha aparecido ni un rastro.

 

¿CUÁNDO SE ABRIERON LAS CANTERAS?

No existe una certeza absoluta de que las cuevas sean contemporáneas al castillo de Bellver, aunque parece lo más lógico. Según Galiana, la única prueba es un documento que habla de las luces de aceite que se empleaban en las obras. Pero eso no significa que antes del siglo XIV no hubiese habido aquí alguna cavidad. Por lo que parece, la piedra de estas canteras se aprovechó para las partes menos expuestas del castillo y probablemente para otras construcciones de Palma. Por ejemplo, la iglesia de Santa Creu. Sin embargo, Galiana se pregunta por qué nunca sale citada esta cantera cuando muchos otras son nombradas en abundancia. Los historiadores dan por sentado que se trabajaron durante las obras del castillo, y que participaron esclavos, cautivos e incluso algunas mujeres. Cuando se reformaron en los años de la guerra civil, grupos de presos republicanos se vieron obligados a trabajar en ellas.

¿SON AUTÉNTICOS LOS GRAFITIS?

Uno de los elementos que nos ayuda a crear esa ensoñación de lugar fuera del tiempo, donde todo sigue igual que hace siglos, son los numerosos grafitis ocultos en los rincones de las cuevas. La mayoría resultan muy curiosos, aunque también hay otros que demuestran las ganas de broma que tenían muchos visitantes, quienes firmaban con fechas muy remotas. Así, por ejemplo, se puede ver una calavera en plan pirata con la fecha 1212. Si eso fuera cierto, sería antes incluso de la conquista cristiana. Algo que queda descartado al contemplarse que ha sido realizado sobre una parte modificada en 1937.

Muchas de las inscripciones están hechas a carbón o con humo, aunque otras han sido talladas. Así ocurre con un escudo de la Falange o con la cara medio esculpida cerca de la galería de ventilación, y que Galiana atribuye a Llorenç Morlà, quien la habría realizado en 1939. De las inscripciones, sólo una tiene carácter grosero. Resulta curiosa la broma del pintor Antoni Ribas, quien puso su nombre junto con la fecha 1230, ignorando que sería conocido en la posteridad. Al lado vemos también la rubrica de otro pintor: Ricardo Anckermann.

El estudio de los centenares de grafitis probablemente aportará datos nuevos e interesantes. Aunque será difícil en muchos casos adivinar si aquellos que tienen fechas remotas son auténticos o no.

¿FUE LA CUEVA DE LA "BRUIXA JOANA"?

Las cuevas de Bellver son un terreno abonado para las leyendas de todo tipo. Tradicionalmente se venían identificando con la "Cova de la bruixa Joana" que forma parte de la rondallística tradicional. Habla de una tal Joana de Peguera que vivía en una cueva de la zona, y tenía una cisterna y una higuera con cuyos frutos realizaba el temido "mal bocí". Galiana ha localizado la cueva en cuestión en la misma orilla del Torrent del Mal Pas. Se trata de una finca que se llama todavía Sa Cova, porque en una parte aprovecha una cavidad natural. Puede verse en el exterior el espolón rocoso que antaño cubriría la entrada, formada entonces por una pared de piedra.

Las cuevas de Bellver nos ofrecen por lo tanto muchos elementos de interés. Sobre todo por ese carácter secreto, enigmático, de intemporalidad. Es de esperar que, una vez consolidadas de nuevo, puedan volver a ser visitadas. Y saludar sobre todo la aparición de este libro de Pere Galiana, que nos acerca un poco más a uno de los monumentos menos conocidos de nuestro patrimonio.

 

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